11 mar 2011

11

Conozco a mucha gente que ha nacido un día 11. Nacer es un acontecimiento en principio feliz. Pobres y ricas, inteligentes y estúpidas, afables y antipáticas, talentosas y mediocres, fracasadas o triunfadoras, humanas y despiadadas, buenas y malas, todas estas personas hoy están vivas, y todas ellas tienen algo en común: consideran el día 11 un motivo de celebración. También los deportistas que han llegado a la gloria con tal guarismo a sus espaldas. Y, sin embargo, esa doble, inofensiva unidad está grabada en muchos corazones con lágrimas en forma de número.

Escribo esto apenas despedido un 11 nuevamente fatídico. Tan solo veinte minutos pasan del girar del día. A esta hora, el terror radiactivo, silencioso pero visible, parece a punto de escapar de su cárcel de acero  para arrastrarse por las inmediaciones de una Fukushima instantánea y mundialmente conocida y aun así paralizada por las circunstancias, rezándole al dios de los dispositivos de seguridad. Es el mayor terremoto de la historia de Japón, casi 9 grados en la escala de Richter, apellido con jota alemana que igual evoca la Tierra estremeciéndose que la música de Prokofiev en sonar celestial. Se esperan mil muertos, se espera el suma y sigue. Un tsunami, cinco incendios, una posible fuga nuclear. Un dominó de luto, con fichas colocadas en la justa y milimétrica medida de la equidistancia, probablemente por la noche. Porque nadie lo vio; será que alguien quería jugar solo. 11 de marzo de 2011, hermosa, cadente fonética, para pasto, otra vez, de numerólogos sin escrúpulos y pájaros de absurdo agüero. La naturaleza, arrebatada e incontrolable, cruel pero inocente, ha vuelto a hacer una marca en el calendario. Un 11, pero de septiembre y no tan lejano, dos mil personas perdieron sus sueños, escondidos en dos torres de cristal; entonces sí hubo culpables a quienes no se logró reducir. El destino se repite, la fecha también. Y la tragedia japonesa de este 11 de ahora viene a hermanarse con otra efeméride a la fuerza segundona. Estaba preparada para ocupar portada durante todo el día y, al llegar la tarde, de una sacudida, casi se queda en cuadrante inferior derecho, página par. Pero en las calles de Madrid se siguen colocando flores, de una en una, de once en once.

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