23 ene 2011

El periodista, hoy y siempre

Lo dijo Camilo José Cela en el año 1997, en su famoso decálogo del periodista:

1) Debe decir lo que acontece, no lo que le gustaría que aconteciera.

2) Anteponer la verdad a otras consideraciones; antes que deformar la realidad, el informador debe callar.
Mariano José de Larra, periodista (1809-1837)

3) Será independiente en el criterio y aspirará al entendimiento de lo que ocurre a su alrededor.  

4) Sus criterios deben ser acordes con los de la empresa para la que trabaja; si no es así, que busque otra empresa.

5) Debe compatibilizarlo con una resistencia a toda suerte de presiones, incluida la que venga de la propia empresa.

6) El periodista no es el eje de nada, sino el eco de todo.

7) Debe escribir correctamente, pero sin ínfulas literarias.

8) Ha de preservar el orgullo de la profesión.

9) No ensayar la delación ni dar pábulo al rumor.

10) No echar carne a las fieras, sino enseñarlas a comer.


Y lo ha dicho Elvira Lindo hace apenas unos meses, en un artículo de "El País": "Periodistas"

Son, sin duda, las reglas permanentes del oficio, en palabras de Fernando González Urbaneja, expresidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). Reglas que todos promulgan, de diferentes maneras, pero que muy pocos respetan, y menos aún en los tiempos que corren. Y ese es el verdadero peligro de la profesión hoy, mucho más que cualquier amenaza económica o tecnológica. Pero ¿cómo escapar de él? Se aceptan sugerencias. Realistas, por favor.

14 ene 2011

Dudando 42 años después

Más de cuatro décadas han pasado ya de la llegada del hombre a la luna, y todavía hay quienes sostienen que todo fue un montaje. Un acontecimiento histórico --mediático como pocos--, al que durante estos cuarenta años le han nacido y crecido teorías conspirativas alimentadas también por los medios de comunicación (hasta la revista Life participó en alguna de ellas), y amplificadas inevitablemente desde la aparición de Internet. Teorías mediáticas que se combaten con otras posturas que se difunden igualmente, como es lógico, a través de los medios. 

El siguiente vídeo pertenece a la serie documental "Escépticos" de ETB 2, el segundo canal de la televisión pública vasca. Merece la pena verlo porque es un magnífico ejemplo de divulgación científica. Como botón de muestra, destaca una escena en la que un universitario escéptico le dice al presentador del documental que él no cree que el hombre haya llegado a la luna, porque él necesita ver por sí mismo las cosas antes de creerlas. ¿Has estado alguna vez en Nueva York?, le pregunta el presentador. No, contesta el estudiante. ¿Y dudas de su existencia? No. ¿Y por qué no? Y el chico, después de un leve titubeo, sentencia: Porque está claro que existe...  Yo la he visto.

(La ha visto, sí... por televisión).

8 ene 2011

Somos muchos... y mal repartidos



Poco queda por decir después de ver el vídeo. Los de National Geographic, tan elocuentes como siempre. Hay quienes se han precipitado a los quioscos a comprar la revista, considerando que estas imágenes deben de ser sólo un aperitivo de la información que nos espera dentro de sus páginas; a mí, por el contrario, me ha pillado mcluhaniana, y no paro de darle al play...

A vueltas con la ortografía

Foto: EFE

Una de las razones por las que me gustaría entrevistar al periodista, escritor y académico Arturo Pérez-Reverte es que me encantaría preguntarle qué se siente siendo miembro flamante (entiéndase por tal, "lúcido" y "resplandeciente") de una institución contra la que en el pasado ha despotricado a su estilo, esto es, de lo lindo y sin complejo ni prudencia algunos. La Real Academia Española estrena nueva ortografía, y es inevitable que a todos nos venga ahora a la cabeza un artículo en el que el cartagenero se hacía eco de un texto divertidísimo (de autoría suponemos desconocida) sobre el "peligro" de las reformas ortográficas, que empezó a circular por Internet hace unos años y que, a este paso, podría convertirse en visionario del futuro de nuestra lengua, si los señores académicos siguen haciendo de las suyas.

Por si alguien no lo conoce: "Limpia, fija y da esplendor"

Surge, está claro, una duda: si nos vence la costumbre estos primeros días de novedades ortográficas, ¿seremos recriminados con dureza, y confundidos con quienes, por pura ignorancia, jamás han distinguido determinantes de pronombres, adjetivos de adverbios, y nunca en su vida han colocado una tilde, ni por casualidad? Nos rebelamos contra la entrada en vigor automática de la reforma. ¿No podría haber una vacatio ortographiae que, como la de las leyes, nos concediera un plazo que nos permitiera "cambiar el chip"?

Siempre me ha inspirado la RAE un sentimiento claro de respeto y admiración, pero ahora no me parece que esté siendo del todo razonable. Yo seguiré articulando fonéticamente truhán como un hiato bisílabo, no como un monosílabo diptongo. Y escribiéndolo, por tanto, con tilde. Me lo piden mi oído, mis cuerdas vocales, mi lengua, mi faringe y mi laringe, mi sistema fonador en general y mis más de treinta años de cultura en particular. Como a éste, a ése y a aquél. Y solamente a sólo. Para evitar ambigüedades. Porque mucho me temo que pasará tiempo hasta que acierte a escribir como exige el nuevo guion...

Y sobre la i griega (y): ye, sin comentarios.

¿Por qué "Periodismo3"?

Porque el tercer milenio hace una década que llegó, y con él la necesidad de afrontar retos múltiples. Sin habernos puesto aún de acuerdo sobre qué es y qué no es el periodismo, ni sobre qué es y qué no es un periodista, se nos ha venido encima la crisis económica mundial, la politización de los medios de comunicación, la caída del "modelo de negocio" causada por la revolución electrónica (Internet va ya por su tercera versión, la semántica, y también por la de la web 3.0)... Y hay, por tanto, que renovarse o morir, en un momento en el que es necesario que el periodismo esté más vivo que nunca.

Esta bitácora o blog pretende ser un punto de encuentro válido para todos aquellos que quieran compartir información, opinión, inquietudes, temores, esperanzas y deseos acerca del presente un tanto confuso y del futuro  --incierto o no-- de nuestra profesión. Y, cómo no, para hacer periodismo.