27 feb 2011

Uno de los nuestros

Un adolescente Mario Vargas Llosa, en primer plano, en el diario limeño "La Crónica". (Fuente: www.larepublica.pe)
No hablamos de mafia. El título de la entrada nada tiene que ver con la extraordinaria película que Martin Scorsese dirigiera en 1990, sino con un acontecimiento que tuvo lugar el día 7 de octubre del año pasado: el escritor peruano Mario Vargas Llosa, galardonado con el Premio Nobel de Literatura. En su discurso de aceptación del premio, "Elogio de la lectura y la ficción", pronunciado ante la Academia Sueca dos meses después del anuncio del galardón, y que puede ser ya considerado la última de sus obras maestras, Vargas Llosa recuerda, entre otras cosas, que él también fue periodista. Viene a engrosar, por tanto, la lista --pequeña o grande, según se quiera mirar-- de nobeles literatos que dedicaron una parte importante de sus vidas al oficio de dar información, y en la que figuran autores celebérrimos como Gabriel García Márquez, Camilo José Cela, Ernest Hemingway, Henryk Sienkiewicz, George Bernard Shaw, Albert Camus, John Steinbeck o José Saramago. Por no hablar de Chesterton, Capote, Delibes... Que no necesitaron elevadísimos laureles para ser escritores y periodistas absolutamente geniales.

La profesión sigue de fiesta y ello puede servir, por qué no, para fomentar vocaciones profundas y alimentar nuevos y renovados sueños que, aun resultando con toda seguridad excesivamente románticos, no dejan de ser también estricta y rigurosamente necesarios en el periodismo de hoy en día. Sueños como aquel que soñaron y nos hicieron soñar en 1972 los jovenzuelos Bob Woodward y Carl Bernstein, al poner en práctica lo que para muchos es la esencia del periodismo y conseguir con ello tumbar a todo un presidente de los Estados Unidos de América. Cuántos pupitres se llenaron en las facultades de Ciencias de la Información del mundo entero por culpa del Watergate, y cuántos profesionales también aquí en España habrán perseguido -algunos, los mejores, llegando a alcanzarlo- el ansiado fin de dar con una noticia, una historia o una idea excepcionales o de --ahí es nada-- poner contra las cuerdas al poder, e incluso bajarlo del ring. Con y sin premio. O de seguir intentándolo, trabajando día a día, en condiciones con frecuencia poco menos que inhumanas y casi siempre jubilándose en el empeño.

Pero lo que más importa es que son periodistas y lo hacen bien.

Así pues, felicidades a uno de los nuestros. Otro de los nuestros.

1 comentario:

  1. No sabía que Mario Vargas Llosa había sido periodista. Otro punto a su favor. Es uno de mis escritores favoritos y me alegré muchísimo cuando le dieron el merecido Nobel. Qué pena que no lo otorgaran a mi admirado Delibes.

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